Cada semana nos regalamos una reflexión sobre algún valor, un acontecimiento, una fecha litúrgica, la vida salesiana o algo que nos resulte de interés. Esta semana…

¡¡¡FELIZ DÍA, MAESTROS Y PROFESORES!!!

Jesús se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura…

Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican. (cfr. Jn 13, 1 – 20)

Maravilloso regalo nos hace Dios al poder asociarnos a Jesús en su condición de Maestro.

Es una gracia inmensa el regalo de esta vocación al servicio de los pibes.

¡Gracias al Dios de la Vida por eso!

Que el Dios de la Vida bendiga el camino de tantos maestros y profesores que entregan su vida por tantos chicos;

Que el Dios de la Misericordia bendiga el esfuerzo por construir con ellos una sociedad más justa, más fraterna, más democrática, la civilización del amor;

Que el Dios de la Bondad bendiga a los educadores que hacen de su profesión una vocación de servicio y humildad;

Que el Dios de la Ternura bendiga a tantos educadores que son capaces de lavarles los pies a tantos pibes que andan por el mundo abandonados, empobrecidos, en riesgo;

Que el Dios del Amor bendiga a los educadores que buscan ser cada vez mejores profesionales para estar más preparados para acompañar a los chicos.