Cada semana nos regalamos una reflexión sobre algún valor, un acontecimiento, una fecha litúrgica, la vida salesiana o algo que nos resulte de interés. En el inicio de este ciclo escolar:

LA ALEGRÍA DE AMAR

Por razones de oficio, tengo la suerte de recorrer los caminos de la Iglesia y percibo, además de las crisis social, económica, moral y espiritual, que muchos cristianos viven un cierto estado de abatimiento y de tristeza, un sentimiento de temor a quedar reducidos, en un tiempo no lejano, no a un resto, sino a un residuo insignificante. Por ejemplo, catequistas desanimados porque intuyen que sus desvelos son contrarrestados por otros factores familiares, escolares y culturales que modelan a los niños, adolescentes y jóvenes; sacerdotes que comentan con dolor la dificultad de encontrar colaboradores y el resurgimiento de vocaciones; cristianos más divididos por la política que unidos por la misma fe. Tengo la impresión de que en el ánimo vital de muchas comunidades cristianas predomina hoy el “síndrome de atardecer” sobre el “síndrome de amanecer”.

Sin embargo, con gozo y esperanza, tengo que decir, también, que me encuentro con personas y grupos que, a pesar de todo, viven su fe y su compromiso con alegría y paz. Viven con un talante, no de moscas que van a lo podrido, sino de abejas que buscan el néctar y transmiten dulzura. Hombres y mujeres capaces de regenerar el ambiente haciendo que…

  • donde predomina el egoísmo, nazca la generosidad; 
  • donde reina la desesperación, renazca la esperanza;
  • donde se confina el resentimiento, emerja el perdón;
  • donde se impone la agresividad, se sobreponga la concordia; 
  • donde prevalece la esclavitud, exterior e interior, emerja la libertad;
  • donde vegeta la indiferencia religiosa, florezca la oración; 
  • donde triunfa la muerte, reverdezca la vida. 
  • Una vida regenerada es el mejor canto a la encarnación del Hijo de Dios.

Estos creyentes se apoyan en Jesucristo como único Señor de sus vidas, y nadie puede quitarles la alegría de creer, de quererle con el corazón y la conducta, de sentir su presencia y saberse habitados y sostenidos por su Espíritu, de verse congregados en torno a su Palabra y su Eucaristía, de sintonizar con los más necesitados material, moral o espiritualmente y de gozar ayudándolos.

Es aquí donde brotan las fuentes de la alegría que nada ni nadie podrá arrebatarles. Esta alegría, fruto del encuentro con Jesús, en ocasiones extraordinarias, será exultante; en otras, será paz y contento interior; y en las de sufrimiento, consolación. Dicen que la alegría hoy es un bien escaso en los seguidores de Jesús, yo creo que no. Quienes escasean son los seguidores. ¿Te animas a seguirlo más de cerca?

¡¡¡Buen inicio del ciclo escolar!!!

Juan Luis Martín

Revista Catequistas nº 226