Cada semana nos regalamos una reflexión sobre algún valor, un acontecimiento, una fecha litúrgica, la vida salesiana o algo que nos resulte de interés.

Este martes 24 de abril se inicia el mes de María Auxiliadora. Compartimos un fragmento de la ponencia del P. Luis Timossi sdb en el Congreso Nacional de María Auxiliadora de 2012:

DON BOSCO Y MARÍA AUXILIADORA

La Virgen será en toda la vida de Don Bosco una PRESENCIA MEDIADO­RA DEL DESIGNIO Y DEL AMOR DE DIOS para él y para su obra. Él la verá, hablará con ella, sentirá su perfume, la consultará habitualmente, le confiará todo, recibirá gra­cias extraordinarias…

En 1885 habiendo ido a visitar a las Hijas de María Auxilia­dora trasladadas a Nizza Monferrato, protagonizará este episodio narrado en las Memorias Biográficas: “Antes de seguir su camino y retirarse, condescendió a las instancias de quien le suplicaba dirigiera una palabra especial a las Hermanas Capitulares; así que, con Don Juan Bonetti a su lado, entró en el locutorio, donde las Madres aguardaban ansiosas aquella gracia especialísima, y les dijo: -“¿Así que desean que les diga algo? Si pudiera hablar, cuantas cosas les diría. Pero soy viejo, viejo decrépito como ven; incluso, con dificultad para hablar. Sólo quiero decir­les que la Virgen las quiere mucho, muchísimo. Y… ¿no lo saben? ¡Ella en persona se encuentra aquí en medio de ustedes!

Entonces Don Juan Bonetti, al verlo conmovido, lo inte­rrumpió y empezó a decir sólo para distraerlo: ¡Sí, sí…,sí…I Don Bosco quiere decir que la Virgen es su Madre y que las mira y las protege.

– ¡No, no! reanudó el Santo sus palabras; quiero decir que la Virgen está realmente aquí, en esta casa; que está contenta de ustedes y que, si perseveran con el espíritu de ahora, que es el que desea la Virgen…

El buen Padre se enternecía más que antes, y Don Juan Bonetti volvió a tomar la palabra:

¡Sí; sí…! Don Bosco quiere decirles que, si son siempre buenas, la Virgen estará contenta de ustedes.

¡No, no! se esforzaba Don Bosco por explicar, inten­tando dominar su propia emoción. ¡Quiero decir que la Virgen está realmente aquí, aquí mismo en medio de ustedes! La Virgen se pasea por esta casa y la cubre con su manto.

Al decir esto, extendía los brazos, levantaba los ojos en­vueltos en lágrimas a lo alto y parecía querer convencer o las Hermanas de que él veía a la Virgen ir de un lado para otro como en su casa y que toda la casa estaba bajo su protección”.

Y en su famosa carta desde Roma del 10 de mayo de 1884, les escribió a sus chicos de Valdocco: “Ustedes no saben apreciar la suerte de estar acogidos en el Oratorio. Les aseguro, delante de Dios, que basta que un joven en­tre en una casa salesiana, para que la Santísima Virgen lo tome enseguida bajo su especial protección”. Esta afirmación tiene la envergadura de un juramento solem­ne, que se hace nada menos que delante de Dios, ¡invo­cando su nombre! Sólo poner pie en el Oratorio significa entrar “enseguida” bajo el cuidado tierno y amoroso de la Virgen. Porque ella vive allí, atiende allí, tiene allí su familia, allí están sus hijitos, allí apuntan sus desvelos, esa obra la tiene preocupada y ocupada… ¿Hay más ‘suerte’ que ésta?