Cada semana nos regalamos una reflexión sobre algún valor, un acontecimiento, una fecha litúrgica, la vida salesiana o algo que nos resulte de interés. Esta semana…

PAPÁ BOSCO

“Me siento invitada a acompañar a Don Bosco, como hija muy querida y discípula suya, para recorrer con él, las calles y suburbios de los barrios marginales de Turín, visitar con él las cárceles y los lugares de trabajo y explotación laboral, que tantas mujeres y niños sufrían en ese tiempo. Quiero ir a su paso, y sobre todo, aprender de él, el modo de mirar, de ver, de contemplar y de dejarme interpelar, por la realidad desafiante juvenil de entonces. Muchas situaciones han cambiado, los rostros de las nuevas pobrezas juveniles son diferentes, pero con él, puedo sentir el palpitar de Jesús Buen Pastor, que se conmueve ante la multitud de jóvenes abandonados, a la deriva de la vida, sin un sentido para qué vivir.

Escuchando el corazón de Don Bosco, encuentro la sintonía del mismo palpitar de Jesús Misericordioso, que quiere regalarle a esa multitud de jóvenes sin pastor, su Vida y dársela en abundancia (Jn. 10,10). Descubro en Don Bosco un hombre de Dios, apasionado por buscar el bien de cada joven, entregando toda su vida a este fin, hasta “gastarse” en una oblación pascual y liberadora renovando en él, la Alianza de Amor de Dios con la humanidad sufriente.

Caminando con Don Bosco, revivo con él su sueño de los 9 años, que tantas veces volvió a repetirse, con algunas variantes que iban mostrándole cada vez con más realismo, el “campo” que María le había señalado como su misión y que Ella, como Maestra, le iba enseñando a transformar con la dulzura y la mansedumbre. Esos animales feroces tomaban ahora, identidades concretas en aquellos jóvenes, tenidos como “peligrosos” en la sociedad turinense, que había que marginar y “limpiar” para mantener el orden social de la época.

Don Bosco no mira de cualquier manera, él mira a esa juventud con el corazón de Jesús Salvador y Redentor, Maestro y Amigo, Compañero de camino; y por eso, tiene con ellos las mismas actitudes del Buen Pastor: ir al encuentro de los jóvenes allí donde están, conocerlos por su nombre, hacerles sentir que son amados personalmente hasta el punto de sentirse cada uno su predilecto, amarlos y hacerse amar por ellos, conducirlos a los buenos pastos, buscar a los descarriados, defenderlos de los lobos y falsos pastores, hasta entregar la vida por ellos (E. Albuquerque).

Don Bosco no mira de cualquier manera, mira “desde” la misma predilección de Jesús y da gracias al Padre, porque ha manifestado a los pequeños, las realidades escondidas a los sabios y entendidos según el mundo (Lc. 10,21). Su predilección por los pequeños y los pobres, le lleva a esta semejanza: “El que recibe a un niño en mi Nombre, me recibe a mí” (Mc. 9,37). La predilección de Jesús por los pobres y pequeños recorre todo el Evangelio, como actitud esencial de Jesús Buen Pastor y tiene una importancia decisiva para comprender el compromiso apostólico de Don Bosco. La sintonía con el Corazón de Jesús, le hace decir a Don Bosco como reconocimiento de la dignidad y grandeza de la persona de cada joven pobre y pequeño: “Traten a cada muchacho como trataríamos al mismo Jesús”. Esta predilección requiere un corazón creyente, porque solo desde la fe, Don Bosco descubre en ellos la persona de Cristo. Su actitud, lejos de todo paternalismo o demagogia, no se reduce a una mera promoción social de los jóvenes, sino a una educación integral para que sean personas felices, libres y plenas. “No basta sentir por los jóvenes cierta atracción natural; es necesario tener por ellos verdadera predilección. Esta predilección es la misma vocación salesiana (P. Albera).

La predilección de Don Bosco por los jóvenes es su verdadera pasión. Hoy vuelve a resonar su voz asegurando a los muchachos del Oratorio: “Difícilmente podrán encontrar quien los ame más que yo en Jesucristo y que más desee su felicidad”.

Mientras Don Bosco me va revelando sus sentimientos, me revela una gran verdad: “Cuando Dios me llamó, te llamó a vos también a esta misma misión (F. Peraza). Somos llamados con Don Bosco para los pequeños y pobres, para revelarles cuánto Dios los quiere. Necesitamos mantener el corazón abierto para escuchar los “gritos” de exclusión y desamparo de tantos jóvenes que claman liberación, y estar dispuestos como Don Bosco, a “dar más a quien ha recibido menos”.

Por eso, me dejo conducir por Don Bosco para que me muestre a qué tipo de muchachos dedicó su vida. Con confianza quiero dejarme llevar por los lugares que él transitó y dejarme encontrar por esa realidad que marcó existencialmente su opción vocacional: la juventud pobre, abandonada y en situación de riesgo (F. Peraza).

Es la suma de las connotaciones que hace de esta juventud, la “más necesitada” según el mismo Don Bosco y que en las Constituciones Salesianas aprobadas en 1874, llega a calificar como “paupérrima”, es decir, de “los más pobres de todos” y por lo tanto, los que exigen la mayor y más inmediata atención. La prioridad por lo tanto de su opción y la de todos sus discípulos, es “absoluta”. “El primer ejercicio de caridad consiste ante todo en acoger a los adolescentes más pobres y abandonados” en sentido superlativo.

A este punto, me animo entonces a preguntarte mi querido Don Bosco:

  • ¿qué sentiste en tu corazón y qué sentimientos movían tus entrañas, al tocar esta realidad juvenil que se te hizo tan cercana y movilizante?
  • ¿qué mociones del Espíritu escuchaste en lo más profundo de tu ser, que no te paralizaron ni te dejaron indiferente, ante las situaciones de estos jóvenes, donde Dios mismo te salía al encuentro?
  • ¿cómo discerniste y de qué manera fuiste encontrando el “campo” que María te señalaba en el sueño de tus 9 años, confiándote a sus “propios hijos”?
  • ¿en qué modo, Dios se te fue revelando en el rostro, en el encuentro y en la historia de cada joven, que acompañaste a lo largo de tu vida?
  • ¿cómo fuiste confirmando la encarnación de esa misión a la que te sentiste llamado por Dios y que nos dejaste como tu herencia más preciosa, para seguir recreándola desde nuestra propia originalidad carismática?
  • ¿qué modos fuiste “ensayando” para llegar al corazón de cada joven, haciéndote presencia de ese Dios palpable y cercano, en cada uno de los gestos humanos de tu increíble paternidad?

Todo lo que me digas y me muestres, querido Papá Bosco, se hace en mí espacio de escucha atenta y de aprendizaje. Como hija y discípula tuya, quiero “hacer nueva” esta realidad que me toca vivir, para que el Reino acontezca. Este presente es la oportunidad para desplegar junto a mis compañeros de camino y de comunidad, los dones que Dios nos concede, para este tiempo concreto de urgencias extremas que padecen nuestros jóvenes más pobres y abandonados.

“Si no lo hacemos así, es porque no estamos con los jóvenes que Dios quiere que estemos. Vos mismo, Don Bosco, nos asegurás que es posible educar a estos jóvenes. Sólo por la Providencia de Dios, se actúan tus opciones y se hacen realidad” (F. Peraza).Muchas veces, querido Don Bosco, te hicimos decir cosas que no querías decir. Sacamos frases o hechos de tu vida, de tu contexto, desencarnándolos de tu tiempo y de los motivos que te impulsaban a vivirlos de esa manera tan propia.

Descalzándome en la historia sagrada de tu vida, quiero rehacer tus huellas, para comprender el sentido de tus opciones…”.

¡Qué bueno sería durante este mes, preguntarnos o reafirmar nuestras opciones carismáticas, dejarnos interpelar por el Evangelio y el testimonio salesiano de tantas misioneras y misioneros que se jugaron por hacer realidad el sueño de nuestros fundadores, aquí en América, en nuestra Patagonia!

Hna. Marta Riccioli